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Laguna Cernea

Dentro del grupo de yacimientos auríferos secundarios se encuentra la Laguna Cernea


La Fucarona

Otro yacimiento secundario es el de La Fucarona


Corona de Filiel

Otro yacimientos auríferos secundarios se encuentra la Corona de Filiel.


Fucochico


Otro yacimiento se encuentra Fucochico


Corona Quintanilla

Dentro de yacimientos auríferos secundarios se encuentra la Corona Quintanilla

Yacimientos secundarios
(o en aluvión):

Técnicas de Explotación:

La uniformidad y el desarrollo progresivo de las labores mineras realizadas en los yacimientos auríferos de la Sierra del Teleno (Maragatería y Cabrera) indican con claridad unos criterios de ingeniería de explotación y gestión centralizados que se basan en un profundo conocimiento del terreno, en donde es necesario destacar la notable eficiencia alcanzada en la prospección y aprovechamiento de los yacimientos de oro, así como la utilización de técnicas topográficas muy precisas para el diseño y ejecución de las extensas redes hidráulicas destinadas al suministro de agua para las minas, con varios cientos de kilómetros de canales de cuidadoso trazado.

En la minería hidráulica de oro a cielo abierto realizada por los romanos el agua fue ingeniosa y masivamente utilizada para todas las operaciones mineras, desde abatir y remover el aluvión aurífero hasta la concentración del oro y evacuación final de los estériles.  De este modo, la mano de obra quedaría limitada a la construcción de los depósitos y canales de abastecimiento, al encauzamiento de las aguas hacia las zonas de explotación y a la limpieza y mantenimiento de los canales de lavado, punto este que concentra el grueso de personal de las explotaciones al tener que retirar y apartarse manualmente los cantos más gruesos que han dado lugar a  veces a grandes acumulaciones de piedras denominadas "murias".

Las técnicas aplicadas a las distintas explotaciones van ligadas al tipo, morfología y extensión del yacimiento. Se distinguen de este modo entre yacimientos de oro primarios y secundarios, atendiendo a las condiciones geológicas de formación:

Yacimientos secundarios

La meteorización (acción de los elementos atmosféricos) produce una disgregación mecánica natural de los yacimientos primarios que oxida los sulfuros y libera las partículas de oro del cuarzo, por lo que con el paso del tiempo tiene lugar la formación de enriquecimientos auríferos en las proximidades de las áreas madre. Si el transporte es muy escaso o nulo, puede considerarse todavía el yacimiento como primario. Sin embargo, cuando por la acción del agua las partículas de oro son transportadas a ciertas distancias, estas tienden a concentrarse mecánicamente en los cauces de ríos y arroyos debido a su elevada densidad, dando lugar a los conocidos “placeres” auríferos. A veces las acumulaciones de estos sedimentos son importantes y  se forman yacimientos de mucha extensión y millones de metros cúbicos de materiales que, aunque de menor riqueza que los yacimientos primarios, pueden presentar un notable interés minero.

Los yacimientos secundarios se trabajan sistemáticamente mediante minería hidráulica, un proceso ampliamente desarrollado por los romanos, que fueron los primeros en utilizar esta técnica a gran escala, y que consiste en la utilización del agua tanto para remover los aluviones y transportarlos en estado fluido hacia los canales de lavado, donde se recupera el oro, como para evacuar todos los materiales estériles resultantes del proceso. Las cantidades de agua que se necesitan son importantes, en especial para el movimiento de estériles, por lo que el sistema requiere de la construcción de una red de canales de abastecimiento, cuya extensión viene definida por la disponibilidad de agua en el entorno, a los diferentes depósitos de acumulación-regulación que se sitúan en las cabeceras de las explotaciones. Al agua se le hace trabajar a favor de la pendiente arrojándola directamente sobre los aluviones auríferos, los cuales se desmoronan con cierta facilidad debido a la presencia de materiales arcillosos, convirtiéndose así en un fluido espeso que es arrastrado por la corriente que se dirige hacia los canales de lavado.

La morfología de los diferentes métodos de explotación puede encuadrarse en varias tipologías:
1.- Zanjas-canales: se trata de excavaciones sensiblemente rectilíneas en las que se realizan todas las operaciones utilizando el agua a favor de la pendiente en una gran zanja que se profundiza y alarga progresivamente.
2.- Peines: se producen cuando las zanjas-canales se agrupan paralelamente. En vista aérea tienen un aspecto de peine o grandes arados. Por lo general confluyen en un único canal de lavado. Se utilizan para el beneficio de depósitos de poco espesor y mucha extensión
3.- Cortas de arroyada: se forman por el ensanchamiento lateral y profundización de las zanjas canales hasta el sustrato rocoso. Es uno de los métodos más habituales y extendidos por su efectividad.
4.- Cortas de minado: para el trabajo en los aluviones auríferos de gran espesor se utilizaba un sistema de galerías combinado con la acción del agua para abatir y disgregar el terreno. Es el caso de la explotación de yacimientos secundarios tipo "Médulas", donde los aluviones alcanzan más de cien metros de potencia. Los ingenieros romanos resolvieron esta cuestión con la introducción del agua en la masa a minar mediante un sistema de galerías sensiblemente horizontales que desestabiliza el macizo rocoso debido a la impregnación de los materiales arcillosos y a la capacidad erosiva de la corriente de agua, provocando así el derrumbe progresivo y controlado de grandes masas de aluvión.

Los canales de lavado, fundamentales en toda explotación hidráulica, consisten en cauces artificiales de varias decenas de metros de longitud en cuyo fondo se disponen lechos de piedras y ramas a modo de obstáculos donde el oro junto con otros minerales son retenidos por su elevada densidad. De tiempo en tiempo, el fondo del canal se ve colmatado y es preciso interrumpir el proceso para recuperar a la batea las partículas de oro. Los materiales más gruesos tienen que ser apartados temporalmente ya que entorpecen el proceso de lavado y también para evitar obstrucciones que pongan en riesgo la integridad del canal, por lo que se amontonan en el entorno ("murias") para ser arrojados con posterioridad a la corriente de agua que se encarga de retirarlos fuera de las zonas de trabajo, antes de la puesta en marcha de un nuevo ciclo del canal de lavado. Nuevamente, el tamaño de las partículas (décimas de milímetro) supone una dificultad añadida al proceso de recuperación del oro, aunque en ocasiones pueden aparecer "pepitas" de varios milímetros.